Un tesoro bajo tierra

Arqueología y espeleología

Viaje al interior de la cueva de Atxurra, donde un grupo de espeleólogos y arqueólogos dirigidos por Iñaki Intxaurbe y Diego Garate ha encontrado grabados y pinturas de más de 14.000 años de antigüedad.

Para hacer un viaje de 14.000 años de distancia no hace falta andar mucho. La entrada para llegar tan lejos en el tiempo está disimulada en el recodo de la carretera que baja de Markina a Lekeitio. Si no la miras, no se ve. Es una pequeña ventana al pasado tallada en el monte y custodiada por una verja. Por ese hueco se entra a la cueva de Atxurra. La llave la tiene, y es de los pocos, Diego Garate, que dirige a los arqueólogos que junto a un grupo de expertos espeleólogos coordinados por Iñaki Intxaurbe han descubierto uno de los tesoros que Bizkaia esconde bajo tierra: 70 figuras de animales, entre grabados y pinturas, con más de 14.000 años de antigüedad.

De Bizkaia se conocían muchas cosas que se valoran en todo el mundo como sus montes y bosques, su costa, o su patrimonio histórico y cultural. Pero bajo tierra, bien guardado, Bizkaia esconde un tesoro, explica Garate. Hablamos de un mínimo de setenta figuras, aunque posiblemente sean más de cien. El trabajo en la cueva apenas acaba de empezar. Queda mucho por hacer. En eso están.

Al otro lado de la verja, el mundo desaparece. Silencio, oscuridad y frío. Al frío le derrota el grueso buzo de trabajo, los guantes y los calcetines de neopreno; a la oscuridad, el rayo de luz del casco de minero; al silencio la voz de templo de Garate que rebota en las paredes. Esa entrada, explica, se abrió en 1882 mientras hacían la carretera de Markina a Lekeitio. Entonces, la cueva quedó al descubierto. Entró un hilo de luz. Y la gente. Se llenó. Al principio había muchos restos de osos de las cavernas adultos o de oseznos, que morían durante la hibernación. Quedaban los esqueletos tendidos en el suelo de la cueva, intactos. Fue una pena, pero arrasaron con todo, cuenta.

El yacimiento arqueológico de Atxurra fue descubierto por J.M. Barandiaran en 1929 y excavado por el conocido arqueólogo vasco entre 1934 y 1935. Pero nunca se había hecho una excavación científica. No fue hasta 2014 cuando un grupo de espeleólogos y arqueólogos retomaron el proyecto para valorar el potencial del yacimiento. El trabajo, en la línea de investigación fijada por la Diputación de Bizkaia para revisar las cuevas en busca de arte paleolítico, iluminó la cueva. Eureka! Encontramos lo que buscábamos: dibujos y grabados de animales, sobre todo, caballos y bisontes, pero también cabras, ciervas y uros. La técnica utilizada casi en exclusiva es el grabado en distintas variantes, que en ocasiones se combina con pintura negra, peor conservada, cuenta Garate.

Ese viaje de 14.000 años se hace en 300 metros. Para llegar tan lejos hay que arrastrarse por el suelo arcilloso cubierto de agua, trepar o meter tripa para pasar por el pasillo estrecho de paredes que casi se abrazan. Cuesta llegar. Pero merece la pena. El tesoro no brilla. Ni siquiera se ve a primera vista. Hay que buscarlo. Están en lugares de difícil acceso, pero no sabemos por qué pintaban o grababan ahí, dice Garate cuando señala uno de los grabados más visibles. Es un caballo que galopa. Y más allá un bisonte herido por mil lanzas. Otros son más difíciles de ver. Están, pero hay que saber leer las paredes con ojos de arqueólogo. Como si fuera braille, los dedos de Garate van recorriendo la pared rugosa de la cueva. Va tirando líneas, uniendo puntos hasta que, de repente, aparece: un grabado en la roca tan enorme que no lo abarcan los brazos. Es un bisonte que tendrá unos dos metros. Es uno de los tesoros que esconde Bizkaia bajo tierra.

La técnica utilizada casi en exclusiva es el grabado en distintas variantes, que en ocasiones se combina con pintura negra, peor conservada

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En una década se ha pasado de conocer tres cuevas decoradas de la época paleolítica en Bizkaia a 15: Venta de La Perra, Santimamiñe, Arenaza, El Rincón, El Polvorín, Antoliña, Askondo, Bolinkoba, Lumentxa, Morgota, Ondaro, Abittaga, Goikolau, Atxurra y Armintxe.

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